Huidobro, el Comunista

En su columna, Ricardo Espinoza Lolas reflexiona sobre el profundo compromiso político de Vicente Huidobro y cómo su poesía, lejos de ser solo un ejercicio estético, encarnó la lucha por un NosOtros solidario, comunitario y transformador, necesario en los tiempos que vivimos.

Por Ricardo Espinoza Lolas. Escritor, teórico crítico y filósofo chileno. Doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid y Catedrático de Historia de la Filosofía Contemporánea de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

“Ustedes saben que Poesía y Revolución son una misma cosa. Es la hora de la Revolución en todos los campos. A Chile hay que despertarlo a cañonazos”. Vicente Huidobro (dicho a Anguita y Teiltelboim en 1933)…

“A fines de 1943 llegaba de nuevo a Santiago. (…) El país no había cambiado. Campos y aldeas dormidas, pobreza terrible de las regiones mineras y la gente elegante llenando su Country Club. Había que decidirse. Mi decisión me causó repercusiones y minutos estelares. ¿Qué poeta podría arrepentirse. Curzio Malaparte, que me entrevistó años después, lo dijo bien en su artículo: ‘No soy comunista, pero si fuera poeta chileno, lo sería, como Pablo Neruda lo es. Hay que tomar partido aquí por los Cadillacs o por la gente sin escuela y sin zapatos’”. Pablo Neruda (Confieso que he vivido)…

Yo quiero una revolución precedida de las menores violencias posibles. Sueño con la revolución normalmente. Creo en una sociedad sin clases y a eso debemos aspirar”, Zurita (Entrevista de 2020)..

Hoy en Chile se produce una encrucijada muy interesante y, a la vez, compleja: votar para las elecciones presidenciales por una candidata “comunista” o votar por un candidato “fascista”. El chileno en noviembre próximo tendrá que decidir por Jara o Kast (no veo a otros candidatos posibles que tengan la fuerza para ser presidente). Sin embargo, a los comunistas se les tiene miedo en este país, mucho miedo, pánico, más que a un fascista de tomo y lomo y que no para, ni quiere parar, de decir estupideces, incluso ni las disfraza: él dice lo que piensa y es probable que realice, si tiene la mayoría de los votos y el congreso a su favor. Y lo que dice y piensa, a saber, son estupideces para todos los chilenos desde el 2026 en adelante y donde se cancelará, por unos años, cualquier tipo de NosOtros.

En todo caso, me gustaría recordar que solamente a los comunistas cuando son poetas se les quiere popularmente: Neruda, de Rokha, Teillier, Teitelboim y tantos más como el mago de Vicente Huidobro, porque no podemos olvidar que Huidobro era comunista y de los más radicales. Algo que ni sus descendientes familiares, ni sus amados lectores quieren recordar, porque, obviamente, lo saben, pero ni lo dicen, ni señalan, mejor pasarlo por alto y hablar del “creacionista” poeta de la vanguardia europea y nada más. 

Los chilenos queremos a nuestros poetas, entonces, tengamos presente que son comunistas (formalmente afiliados a este partido o muy cercano a él) y en ello, por lo mismo, su propio verso tiene una inscripción formalmente de un Otro que lo constituye: ya el poeta no está del todo atrapado en su “yo” subjetivo, tan típico del poeta moderno, romántico y maldito a la hora de escribir sus versos para sus poemas. El verso en el poema de este tipo de poetas es expresión de un NosOtros que nos invita a navegar en conjunto la embarcación de Chile y en ello que se construya el tejido ético-político desde los barrios y vecindarios a las ciudades y comunas de todo este extenso país; y también a más allá de Chile, a América Latina entera, Europa, Estados Unidos y a todas partes de este pequeño planeta (por ejemplo, Mistral, Huidobro y, en especial, Neruda son planetarios en estos tiempos).

Los artistas, en general, y los poetas, en especial, en este país han sido los tejedores del NosOtros chileno y gracias a esto hemos podido navegar como una Barca por muchas décadas, desde la Mistral, más allá de tantas catástrofes naturales como humanas en las que hemos sido arrastrados: desde terremotos a dictaduras pasando por tanta pobreza de todo tipo. Y son los poetas que con sus imágenes-palabras van poetizando un Himno del NosOtros en donde nos dinamizamos, nos vemos a la cara los unos con los otros y nos volvemos ligeros para afrontar la vida en su radical finitud y la cual hoy está amplificada en tiempos de un capitalismo totalitario y nihilista que nos neurotiza y nos hace estallar: nos enferma de la peor manera, quitándonos la alegría de vivir.

En Chile los poetas son muy queridos y no pasemos nunca por alto que muchos de ellos eran comunistas, esto es, preocupados en la construcción de una comunidad para todos: sí, realmente para todos. Y Huidobro fue uno de los más grandes poetas comunistas que ha dado Chile y toda un época. Y esto independiente de su alcurnia de apellidos, de dinero y poder tanto por parte paterna como materna, de sus refinados gustos europeos y sin contar de su modo pasional de ser, diría, un modo dionisíaco, el cual explica desde cómo amó a Ximena y la raptó,  de cómo ayudó a escapar a Teresa, de cómo intentó construir un Chile para todos y en cómo siempre estuvo en su vida al otro en tanto Otro que lo embargaba en todos los lugares que visitó y vivió: fue hasta corresponsal de guerra para la Voz de América llevando las noticias de las locuras de los nazis y de las fuerzas democráticas contra ellos.

El que llamó a su hijo Vladimir siempre tuvo en sus ideas la Comuna de París y la Revolución de Octubre, pues un Lenin habitaba dentro de él y, por tanto, un poeta creador y revolucionario. Y peleó toda su vida contra los pensamientos y fromas de vida totalitarias: fascistas, nazistas y las que fueran expresión de lo injusto y lo arbitrario. Y así fue cómo le fue, no muy bien, su misma muerte acontecida siendo todavía joven en Cartagena, tenía tan sólo 54 años, es testimonio de su forma de ser: la leyenda señala que se bajó en diciembre de 1947 del tren en Cartagena y había una huelga de taxis para mejorar los derechos de los trabajadores, Huidobro se fue caminando a su casa llevando a cuesta su pesada maleta, un taxista le dijo que lo llevaría y él le preguntó ¿qué pasaba? y éste le contó de la huelga, y Huidobro le señaló en su tono molesto que jamás se subiría a un taxi que fuera contra la huelga; al ir subiendo a su casa, que está en la cumbre de un cerro, le vino un accidente vascular encefálico y eso lo llevó a la muerte un día 2 de enero de 1948 (Huidobro había sufrido heridas de guerra y lo dieron de baja en 1945, aunque entró con los aliados en Berlín).

El que quería ser presidente de Chile y se robó, según otra leyenda, el Teléfono de Hitler, escribió de un modo no representativo, pero sí expresivo una literatura y poesía de alto nivel comunista aunque, al parecer, no se le vea en el trazo, pero lo hizo una y otra vez. Por ejemplo, ¿qué es su poema Altazor de 1931? Una de las obras más importantes que ha dado no solo la poesía chilena sino a nivel mundial en el siglo XX, tan importante como el Canto general de Neruda de 1950. Altazor es la Revolución de Octubre de Lenin, a saber, un Canto general de libertad para el humano en medio de lo real sin dios alguno que  despotencie la transformación creativa que es la única transformación posible que mueve al humano, al que sea, y lo articula en una Barca del NosOtros para que surca los mares de la diferencia en la actualización de la única posible libertad que nos queda unos juntos con otros, más allá del imperio de la desigualdad, lo arbitrario y del “odio al otro” que promueve el capitalismo en su forma más tóxica, esto es,  la empresa de la guerra, ya la simbólica, ya la empírica y concreta, como la que vivimos hoy en día con el Genocidio que realiza Netanyahu contra los palestinos con la complicidad del silencio de los europeos y con las armas de USA y ante nuestros propios ojos.

En Chile hoy más que nunca debemos volver a leer a nuestros poetas como a Huidobro, que fue el más mago de todos ellos, y desde esa magia podemos ver cómo la libertad se juega en ciertos versos explosivos que nos hacen despertar de nuestra vida dormida; y de esa manera podemos generar una Comunidad del NosOtros, que es lo que se necesita no solamente en este país que se cae al mar empujado por los Andes, sino que es lo que el planeta necesita de modo urgente para que le entre aire fresco y podamos todos respirar de un modo más confiado en que volvamos a ser alegres, bailarines y ligeros como humanidad.

“Dios debe ser enterrado para siempre, y su sitio en el mundo será ocupado por la poesía. Debemos llenar la vida de poesía. Infiltrar la poesía en todos lados. Hacer que el planeta Tierra esté cruzado de poesía por todas partes. Que cuando nos miren de Marte vean largos canales de poesía que atraviesan la Tierra”. Huidobro (Carta a Juan Larrea, junio de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial)

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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