El gran engaño de la motivación delegada
No son pocos los que piensan que la motivación es algo que alguien más debe entregarnos, como si fuera un paquete de Amazon que llega puntual cada mañana a la puerta de casa. Son legión los que en redes sociales suscriben que, si no estamos motivados es porque alguien – usualmente un jefe malvado – no es capaz de proporcionarnos la dosis diaria de motivación. Y así, poco a poco, vamos construyendo un modelo de liderazgo buenista y absurdo, que define la figura del líder como un híbrido de terapeuta, animador y gurú de la autoayuda. La motivación no te la inyectan, la cultivas. Los datos referentes a la desmotivación de los empleados hoy son aterradores. Según Gallup, solo el 21% de los empleados en todo el mundo se sienten motivados en su trabajo. Y aquí es donde surge la gran pregunta: ¿quién es el responsable de que esto ocurra? ¿los jefes? ¿o es que hay demasiada gente que no sabe, siquiera, lo que le motiva? La principal raíz de este problema es que confundimos dos conceptos clave: inspiración y motivación. Inspiración: Efecto efímero, como las burbujas del champagne- Es externa: Surge de una idea, una historia, una persona, una imagen, una charla motivacional, un libro…
- Es emocional e inmediata: Un estímulo que genera una sensación de entusiasmo o creatividad.
- Es momentánea: Puede ser intensa, pero efímera. No garantiza acción.
- Es interna: Nace de una razón personal, de un propósito, de un deseo profundo.
- Es racional y sostenida: Se construye con hábitos, disciplina y objetivos claros.
- Es lo que convierte la inspiración en acción: La motivación es lo que hace que, después de inspirarte, realmente tomes decisiones y pases a la acción.
La ciencia detrás de la motivación: Lo que los neorgurús del liderazgo Pixar no te cuentan
Uno de los trabajos más relevantes en el campo de la motivación en el trabajo es el de Susan Fowler, autora de “Why Motivating People Doesn’t Work… and What Does” (Por qué motivar a las personas no funciona… y qué sí lo hace). Una lectura muy recomendable si te interesa profundizar en este tema. En su libro, Susan Fowler desmantela la idea de que los incentivos externos, ya sean económicos, emocionales o de reconocimiento, son suficientes para generar motivación duradera. Según su modelo, basado en la teoría de la autodeterminación de Edward Deci y Richard Ryan, las personas no se movilizan por los “chutes de energía positiva” que les inyecta alguien desde afuera, ya sea un ponente o un jefe inspirador, sino por tres necesidades psicológicas fundamentales:- Autonomía: La sensación de tener control sobre lo que hacemos. Sentir que nuestro trabajo tiene cierto grado de decisión y libertad.
- Competencia: La percepción de estar progresando, mejorando y alcanzando logros.
- Conexión emocional: La conexión con otros, el sentido de pertenencia y el impacto que tenemos en un grupo.