¿De qué está enfermo Chile?

¿Qué enferma realmente a Chile? Corrupción, mala salud mental, enfermedades crónicas, desigualdad educativa, injusticia estructural. En esta columna, Jorge Betzhold propone una lectura multidimensional de los síntomas del país: cuerpo, mente y alma dañados por una ética erosionada, servicios desiguales y liderazgo fallido. El desafío es colectivo, pero también organizacional: desde nuestros espacios de trabajo podemos mitigar algunos de estos males.

Por Jorge Betzhold. People and organization advisory senior manager Dorothy Pérez ha puesto sobre la mesa evidencia de un gran número de preocupantes síntomas: Sobre 25.000 funcionarios públicos viajaron al extranjero con licencias médicas, sólo 11 doctores entregaron más de 5.000 licencias en un año. Irregularidades por más de $1,5 billones en sectores como Gobiernos Regionales, Carabineros, Salud, Educación y Municipalidades. Por nombrar sólo la punta de un gigantesco iceberg. Desde diversos sectores políticos se ha elogiado la firmeza de Dorothy en la lucha contra la corrupción; y a nivel de ciudadanía la información ha provocado indignación y aumento en la presión por transparencia. Como líderes organizacionales, este contexto es de enorme relevancia dado que influyen en el entorno de nuestra gestión, en el sentir de nuestros equipos, en la presión de nuestras operaciones. Lo que nos invita a entender la enfermedad, para poder al menos, dentro de nuestra organización, generar mitigaciones funcionales. Sin embargo, si queremos hacernos cargo de la enfermedad, es necesario poder  identificar el tratamiento adecuado y tendremos que diagnosticar si el origen de los síntomas que Dorothy ha revelado resultan de temas físicos, psicológicos o éticos. Cuerpo: ¿qué ocurre con la salud física de Chile? Cerca de la mitad de las muertes en Chile responden a enfermedades del sistema circulatorio o cáncer. El primero representa aproximadamente 25% de las muertes, mientras que el cáncer (neoplasias) constituyen el 24%. Estos datos no sorprenden a especialistas que por décadas han levantado alarmas sobre la obesidad (en particular la obesidad infantil), la falta de rutinas de ejercicio y una deficiente alimentación. Somos un país con una pobre salud física, y el acceso a alimentación saludable se acerca más a un lujo que a una opción para la mayoría de la población. Mente: ¿qué ocurre con la salud psicológica de Chile? Alrededor del 24% de la población adulta en Chile ha experimentado algún trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad los más comunes. Si nos enfocamos en la depresión, se estima ha afectado a más de 1.8 millones de personas, sin embargo, el acceso a salud mental es limitado, y sólo el 19% de quienes la necesitan logran acceder a ella. Somos un país con una pobre salud psicológica, y el acceso a tratamientos es sólo para algunos. Alma: ¿qué pasa con la salud ética en Chile? Si bien el país posee una relevante memoria histórica de violaciones a derechos humanos, en el presente un factor clave para entender la salud ética del paíse es la ebullición de casos de corrupción en instituciones públicas y privadas, acaparando portadas durante la última década. No sólo se trata de ejemplos que están en las zonas grises de la interpretación legal, sino en muchos casos son directamente violaciones a normativas explícitas. Los ejemplos de corrupción de las diversas élites políticas y económicas, han sembrado un terreno fértil para desdibujar la moral tradicional del país y gradualmente migrar a lo que Carlos Gardel resumía en su tango al sentenciar “el que no llora no mama, y el que no mama es un gil”: es decir, ¿si nuestros líderes rompen con las lineas éticas y leyes en pro de sus intereses, por qué el llamado “ciudadano a pie” tendría que someterse a ellas y limitar así sus oportunidades? Somos un país con una pobre salud ética, y lamentablemente muchos líderes políticos y de grandes empresas, han ejemplificado que un efectivo y eficiente camino a seguir es por medio del abuso. Desigualdad estructural: metástasis que afecta el cuerpo, mente y alma de Chile. El brutal nivel de desigualdad genera acceso casi dicotómico a servicios, beneficios y oportunidades: algunos tienen acceso a la posibilidad, mientras que para otros no existe la oportunidad. Esto explica las percepciones de injusticia y exclusión, socavando los cimientos de cohesión social, lo que ha llevado a conflictos sociales y desconfianza en las instituciones. A continuación dos ejemplos de factores que favorecen la desigualdad estructural en Chile:
  1. Desigualdad de riqueza y segregación territorial:
La desigualdad de ingresos en Chile es una de las más altas entre los países de la OCDE, con un coeficiente de Gini de 0,48, esto se ilustra en que un tercio del ingreso generado por la economía chilena es captado por menos del 1% más rico. A nivel geográfico, las comunas más ricas concentran los mejores servicios, infraestructura y oportunidades, mientras que las comunas más pobres enfrentan carencias significativas.
  1. Desigualdad educativa y segregación social:
El sistema educacional se encuentra hoy profundamente segmentado. A modo de ejemplo, sobre el 72% de los estudiantes en colegios públicos tienen un desempeño lector inferior al esperado, lo que se reduce a menos del 29% en colegios privados. El acceso a educación de calidad está hoy fuertemente limitado por factores económicos, por lo cual la educación, en lugar de ser un motor de movilidad, perpetúa las desigualdades debido a las diferencias en calidad y acceso. La desigualdad estructural Implica una injusticia que afecta la dignidad de las personas y limita sus oportunidades de desarrollo. Como líderes de organizaciones, podemos realizar acciones de mitigación generando redes de contención, espacios seguros de crecimiento, rutas de desarrollo profesional y personal, transparencia en los procesos, equidad en el trato y en las oportunidades. Es decir, cada uno de nosotros, enfrenta a diario expresiones de esta enfermedad, y pasa por cada uno de nosotros tomar la oportunidad de mitigar algún síntoma. Sin embargo, si queremos hacernos cargo del origen de esta enfermedad autoimpuesta, se requiere de todos nosotros. Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management
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