Un viaje hacia el propósito organizacional

En un entorno en constante transformación, Ricardo Nanjari propone que el propósito organizacional debe construirse desde la introspección: detenerse, identificar qué conservar, cuestionar viejos paradigmas y recuperar el sentido colectivo para navegar un cambio con propósito.

Por Ricardo Nanjari. Consultor en Gestión de Personas, Profesor y Coach.

Las certezas que guiaban nuestras decisiones, tanto en la vida como en el trabajo, ya no son suficientes frente a nuevas preguntas, realidades complejas y desafíos que nos exigen más que solo adaptabilidad, nos exigen transformación. En este contexto, muchos líderes y organizaciones siguen aferradas a estructuras que ya no responden al presente ni proyectan un futuro posible. Es tiempo de dejar atrás algunos paradigmas y de revisar el camino, el propósito y las preguntas que nos configuran. Algunos filósofos y pensadores nos pueden acompañar en las reflexiones.

El cambio tiene sentido en relación con lo que se conserva

Humberto Maturana decía que: “lo importante, no es lo que queremos cambiar, sino lo que queremos conservar. Eso es lo que le da sentido al cambio.” En un mundo donde a menudo se valora el cambio por sí mismo, la innovación, la transformación y la ruptura con el pasado, esta frase nos recuerda que todo cambio significativo nace de un deseo de cuidar, proteger o preservar algo que valoramos.

Cuando, por ejemplo, una organización cambia su modelo de gestión, no lo hace solamente por adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, sino para conservar su propósito, su capacidad de aportar valor, y también, para cuidar a sus trabajadores.

Matar a nuestros “dioses” para crear sentido

Cuando Friedrich Nietzsche planteó la idea de matar a nuestros dioses, no solo hacía una provocación religiosa, sino un llamado a cuestionar los sistemas de sentido heredados. En el mundo organizacional, los “dioses” pueden referirse al éxito definido por resultados financieros, la eficiencia como único criterio de valor, o las jerarquías inamovibles. En este aspecto, debemos mirar sin miedo lo que hemos sostenido como verdad, y buscar nuevos sentidos desde la voluntad de poder, entendida ésta, como la capacidad de construirnos en relación con el mundo.

Las organizaciones también deben abandonar el estado actual, el automatismo de sus procesos, sus culturas tóxicas o burocracias sin alma, para redescubrir por qué hacen lo que hacen, para qué existen y a qué mundo quieren contribuir.

Del rendimiento al descanso contemplativo

Cuando Byung-Chul Han se refiere a la sociedad del cansancio, da cuenta de un cambio de paradigma, desde una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento. Ya no son figuras externas las que nos prohíben, ahora somos nosotros quienes nos autoexigimos hasta el agotamiento.

En el ámbito organizacional, esto se traduce en culturas de sobre trabajo y auto explotación, disfrazada de pasión y un activismo sin dirección que genera ansiedad y desarraigo. Acá surge la necesidad de recuperar el silencio, la pausa y la contemplación, para detenernos a preguntar acerca de nuestro propósito y nuestro porqué personal.

El arte de vivir bien

Para los griegos, la vida buena (eudaimonía) se construía desde la reflexión, la virtud y el propósito colectivo. Los filósofos clásicos nos enseñaron que una vida no examinada no merece ser vivida y que el fin último del ser humano es realizar su potencial más alto en comunidad.

En el plano organizacional, esto implica que una institución no debe limitarse a generar beneficios, sino también a preguntarse por su contribución al florecimiento humano. En permitir que las personas puedan desplegar sus virtudes, con un propósito que trascienda lo económico.

Romper para recomenzar: una invitación necesaria

A partir de lo que queremos conservar, necesitamos coraje para cuestionarlo todo, lucidez para enfrentar el vacío sin temor, la pausa para reconectar con lo esencial; y la sabiduría para recordar que el propósito y el bienestar están conectados.

Dejar atrás los paradigmas no es destructivo, es un acto creativo. Es soltar las certezas para abrir espacio a nuevas formas de organización, de liderazgo, de trabajo y de existencia.

En un mundo que intenta moldear nuestros deseos, nuestras prioridades y hasta nuestra identidad, a través del consumismo, el marketing y los medios, debemos escuchar nuestra propia voz para no vivir guiados por una lógica externa, de rebaño, que valora más el tener que el ser, más la apariencia que la profundidad.

A nivel personal, podemos preguntarnos: ¿qué sentido tiene mi trabajo hoy? A nivel organizacional: ¿qué paradigma necesita ser dejado atrás para que emerja algo nuevo? A veces, para avanzar, necesitamos primero detenernos y desaprender.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

Comparte este artículo:
NO TE LO PIERDAS

La prevención como primer acto de cuidado: aprendizajes tras el primer año de la Ley Karin

Relativismo etario: ¿tan jóvenes para morir, tan viejos para trabajar?

IA y gestión del talento: Entre la promesa y la brecha

ARTÍCULOS RELACIONADOS

El liderazgo no es jerarquía, es conexión: la visión de Mario Alonso Puig

Estrés térmico en aumento: el nuevo desafío de la seguridad laboral

La prevención como primer acto de cuidado: aprendizajes tras el primer año de la Ley Karin

Patrocinado

El liderazgo ético, clave en la era de la inteligencia artificial generativa

ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD
RH MANAGEMENT

¡Recibe todas nuestras alertas y noticias al día!